PSICOLOGÍA DEL DERRUMBE Un Análisis del Fracaso y sus Oportunidades

El día de hoy me encuentro oficialmente cerrando un ciclo de viajes que, durante los dos últimos meses casi, me han tenido deambulando por Costa Rica, México y Colombia. Ya de regreso a Argentina y siendo nuevamente Lunes, me dispongo a compartir unas pocas líneas, intentando mantener el nuevo compromiso adquirido en la forma de mi Contemplación Semanal.

Mucho hay sin duda por compartir (y procesar) luego de un dinámico viaje como el que me ha tocado vivir, pero esta vez me inclino por dedicar algunas palabras a uno de aquellos tantos fenómenos relativamente usuales, pero generalmente poco aceptados y comprendidos, lo que podríamos bautizar como “la psicología del derrumbe”. Con este término me refiero esta vez a la naturaleza que acompaña a todo emprendimiento impermanente y relativo, en este caso aplicado al principio de la institución, incluso a nivel espiritual, y más específicamente en relación al mundo del Gaudiya Vaisnavismo.

Mientras que la sustancia devocional ha sabido ser debidamente esparcida por este mundo en la forma de incontables instituciones a lo largo de los últimos dos siglos específicamente, es importante recordar que tanto el principio de la institución como el de la difusión de un mensaje revelado, implican ambos ajustes concernientes a la dinámica y audiencia relativas a las que se están dirigiendo. En las palabras de Srila B. R. Sridhara Maharaja, mientras que la esencia que desea entregarse es impoluta y atemporal, los medios para compartir tales enseñanzas estarán generalmente marcados por ciertos niveles de impureza mundana, debido a estar involucrando elementos propios del plano viciado. Y esto será tanto necesario como problemático.

Así, cuando una institución espiritual es inaugurada sobre la base de ciertos ideales y principios, sin duda alguna miles de seres se beneficiarán con ello y otros tantos pocos se mantendrán captando el principio activo de todo, sin quedar cautivado por las diversas  formalidades e imperfecciones que deseen aparecer en el camino. Es más, tales impurezas no sólo no deberían perturbarnos, sino que más bien debería inspirar en nosotros la siguiente pregunta: “¿Qué aporte puedo entregar para mejorar la institución de la que soy parte?”. Sri Thakura Bhaktivinoda llegó incluso al punto de mencionar que uno debería purificar los anarthas de la sampradaya a la cual uno se ha unido, con ello indicando que más allá del principio divino absoluto, siempre existirán ingredientes externos a erradicar en toda agrupación organizada.

Yendo más allá aún, por momentos podemos ser testigos del derrumbe de toda una institución espiritual, de un tipo de irresistible fragmentamiento que comienza a darse ya sea por efecto del tiempo, o circunstancias específicas que vuelven determinadas situaciones, insostenibles. Y ante semejante escenario, hemos notado cómo muchos de nuestros acaryas han tenido que abandonar sus propias instituciones para formar otras, con la intención de que no se repitan ciertos errores del pasado. Y aunque ello aconteció en cierta medida, a su vez podemos ver que, en otra proporción, ciertos patrones de conducta propios de este plano continúan repitiéndose hasta la fecha, desde tiempo inmemorial: En el espíritu de su padre y siksa-guru, Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakura estableció la Gaudiya Matha e incluso aún en vida (qué decir luego de su partida) él fue testigo de continuos conflictos jerárquicos en relación a dicha institución; buscando dejar atrás tal paradigma, nuestro Srila Prabhupada fundó ISKCON, mencionando (al fundarse oficialmente la insititución) que “la regla dorada aquí será vincularnos en amor y confianza, y si algún día dicha regla se rompe, el mismo esfuerzo que hicimos para crear esto, deberemos emplearlo para hacerlo desaparecer”. Y sin duda alguna, el tiempo confirmó que ciertas cosas requieren de varias generaciones para ser debidamente trascendidas. Y en el caso presente de diversas misiones y acaryas contemporáneos, encontramos muchas veces ese mismo principio: Aquello que les hizo salirse de una determinada institución (intereses relativos y distorsiones varias) es exactamente lo mismo que comienza a aflorar en sus respectivas misiones, con el paso del tiempo.

Desde ya si nosotros, siendo miembros de una institución en particular, somos testigos de semejante derrumbe, debemos hacer lo posible por evitarlo, al máximo de nuestras capacidades e intenciones. Pero si intento tras intento Sri Krishna nos muestra que existe otro plan en mente, debemos saber cuándo dejar de insistir en la dirección errada, entendiendo que muchas veces el “fracaso” o colapso de cierto cuerpo institucional, quizás muy probablemente represente el nacimiento de una nueva versión reconfigurada de ello mismo, quizás con otro nombre y forma, pero transportando la misma esencia. En especial cuando un acarya parte de este mundo o se encuentra en la recta final de su antya-lila, muchas de estas confusiones y crisis asoman en las comunidades, y más que únicamente tratan de batallar contra ellas como si fueran enemigos, debemos brindar nuestro oído al mensaje que buscan entregarnos, un mensaje que muchas veces nos habla de una intensa reconfiguración pero muy por sobre todo, la necesidad de re-constelar los muchos elementos que hacen que una institución espiritual se mantenga vigente, vibrante y por sobre todo, sostenible.

Viktor Frankl diría que en realidad no existen situaciones dolorosas, sino que lo único doloroso es no lograr encontrar propósito a lo que sea que esté ocurriendo. Así, los casos especialmente desconcertantes nos ofrecen una chance única de hallar profundo significado en lo que pasa en nuestras vidas. Y el significado no es meramente hallado en situaciones plácidas y anticipables, sino especialmente en aquellas que rompen nuestros esquemas, nos exigen y desafían hasta el punto de incluso tener que replantearnos de raíz gran parte de nuestros ideales, o mejor dicho, la forma en que hasta ahora veníamos abordando tales ideales. El fracaso y el derrumbe también cumplen un propósito, generalmente mucho más crucial del que podemos imaginar. Así como cuando la dinastía Yadu se fue de este mundo de forma aparentemente trágica (todos embriagándose y matándose a sí mismos) o cuando Ramacandra “mata“ a su propio hermano Laksmana al final de su vida (cuando en verdad todo ello fueron acontecimientos epidérmicos que encriptaban significados más profundos por detrás), de la misma forma uno pueda ver por fuera un aparente fracaso o derrumbe, pero por dentro se estará gestando la aparición de la mejor versión posible de aquello que externamente parece estar pereciendo.

Estar en el ojo de la tormenta y siendo uno partícipe de un derrumbe institucional será sin duda alguna una prueba más que compleja, pero evadir ello a corto plazo (y por ende pasar a ser miembros estáticos de un movimiento que se supone extático), eso sí que será aún más doloroso y complejo, acarreando a mediano y largo plazo consecuencias que por todos los medios deberíamos intentar que sean evitables. Por lo que por encima de cualquier consideración institucional, deberemos ante todo creer en el individuo y promover el desarrollo de los miembros de toda agrupación. Y si para dicho desarrollo uno realmente deba dinamitar (simbólica o en ciertos casos extremos literalmente) todo aquello que en algún momento fue construido para promover tales fines, deberíamos saberle dar la bienvenida a semejante nuevo capítulo, en un espíritu progresivo y con plena confianza. En estos casos no será sano apegarnos en exceso a algo que debemos aprender a soltar, o a insistir caprichosamente en una dirección que con el tiempo ha probado que ya no funciona: Así como no somos este cuerpo y el mismo por momentos requiere recambios, asimismo deberíamos considerar la necesidad y función de una reencarnación institucional, por decirlo así, cada vez que esto sea necesario.

En resumen, ante el inevitable pero necesario panorama de un posible derrumbe institucional, lo importante aquí serán dos cosas: 1) Tener la madurez de aceptar cuando tales cosas estén pasando (y muy probablemente tengan que estar pasando más y más) y 2) No confundir la pureza de un sadhu con el derrumbe de aquella institución que supo fundar en su momento, sino más bien tener la visión suficiente como para entender que lo que hace sadhu a un sadhu siempre seguirá existiendo, y muy probablemente continúe su flujo y expresión en diversas formas comunitarias e institucionales que a futuro se irán manifestando, y que incluso con el tiempo nuevamente necesiten ser recicladas. Como en una ocasión mencionó uno de mis tutores espirituales: “La comunidad perfecta no existe en este mundo. La comunidad perfecta existe en Goloka Vrindavana”. Así, debemos desde ya esforzarnos al máximo por mejorar nuestras respectivas comunidades e instituciones, pero al mismo tiempo ser también lo suficientemente honestos como para aceptar las limitaciones de tales proyectos, y siempre estar abiertos a la necesidad de cualquier cambio que nutra y fortifique a la comunidad, incluso en la forma de un parcial o total derrumbe. Toda crisis significa en verdad una renovada oportunidad, y toda institución espiritual debe ante todo enseñar dicho principio, empezando por sí misma, e incluso por momentos a costo de sí misma.

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