Contemplación Semanal #32 / SALVA AL MUNDO… SALVÁNDOTE A TI MISMO

Como esta famosa imagen central aquí lo ilustra, el Amazonas está en llamas. No solo la selva amazónica arde y arde, sino muchos otros vitales pulmones de nuestra Tierra. Y no solo ello…el mundo entero está en llamas: samsara. Nos encontramos sumidos en la existencia material, la cual ha sido comparada desde siempre con una ardiente catástrofe que ha de ser resuelta, de la cual hemos de escapar. Las fricciones que un ser genera en relación a otro (especialmente en esta era de fricción) naturalmente inician toda una expresión ígnea, que con el tiempo adquiere dimensiones sobrenaturales. Así, pueden surgir las siguientes interesantes preguntas: ¿Debe el mundo ser salvado? ¿Debo yo salvarme del mundo? ¿Existe un punto medio entre estas dos preguntas?: Sí, podemos salvar al mundo salvándonos a nosotros mismos. Pero debemos entender apropiadamente cómo hacer esto, pues sino estaremos simplemente incrementando la problemática, incluso en el nombre de nuestra propia emancipación. Paso a describir a continuación este importante punto:

Calamidades ambientales, justicia climática y variados otros términos son moneda corriente en el léxico de estos días. El ser humano, quien generalmente no suele invocar cambio alguno hasta que no ve delante de sus ojos las inminentes consecuencias de sus actos, está comenzando a considerar la necesidad de diversas transformaciones en su proceder para con este mundo. Para algunos ya es del todo tarde, mientras que para otros aún existen vientos de cambio. Ahora bien, para nosotros como Gaudiya Vaisnavas, la perspectiva a adoptar es particularmente única y diversa, pero no por ello menos comprometida con la necesidad de la situación. La posición que un bhakti-yogi adoptará tendrá mucho que ver con un críptico pero vital concepto: sristi-lila, o “el juego de la creación”. Contemplando la realidad mediante este particular lente, obtendremos una visión de este mundo que para muchos pueda sonar poco objetiva, o incluso pesimista, aunque abordándola en detalle y profundidad, podremos encontrar cómo la misma contiene las respuestas y soluciones últimas a cada uno de nuestros dilemas.

Sristi-lila se referirá a cómo en verdad no existen problemas en este mundo, sino que más bien el mundo es el problema: no como un problema a exterminar, sino como un problema a comprender, aceptar y finalmente resolver. En las palabras del Bhagavata (1.13.47):

ahastāni sahastānām apadāni catuṣ-padām
phalgūni tatra mahatāṁ jīvo jīvasya jīvanam

“Aquellos que están desprovistos de manos, son presa de los que tienen manos; aquellos desprovistos de patas, son presa de los que tienen cuatro patas. Los débiles son la subsistencia de los fuertes, y se cumple la regla general de que un ser viviente es la comida de otro.”

Si intentamos salvar a la mosca en la telaraña, dejaremos a la araña sin su almuerzo, y así sucesivamente. Dicho de otro modo, no importa qué tanto alivio intentemos invocar en este plano, el mismo siempre será insuficiente: pues si incluso lográsemos recrear una atmósfera celestial en la Tierra, todo ello seguirá estando sujeto a la influencia del tiempo, por lo que algún día tendrá que acabar. De esta forma, el sristi-lila representa todo un juego creacional en donde, aprendiendo a jugarlo y conociendo sus reglas, terminaremos comprendiendo la naturaleza real de su trama y así, eventualmente entenderemos que su mensaje último apunta más allá de sí mismo, hacia la eterna trascendencia. Ahora bien, ¿ello implica entonces que como trascendentalistas debemos negligenciar este plano, siendo que el mismo es de todas formas algo temporal y perecedero? No, y mucho menos en nuestra escuela devocional, donde se nos enseña a verlo y valorarlo todo como un aspecto de la existencia de Dios, como un tipo de su energía: como uno de sus tantos lilas (siendo lila la interacción entre saktiman -la fuente de toda potencia- y sakti -la potencia-). Así, pese a que el mundo represente un problema a ser resuelto, ello no significa que debamos descuidarlo, o verlo como algo separado de su fuente de origen.

Dentro del marco de lo espiritual, existen a grosso modo tres posturas centrales a adoptar, cada cual con sus respectivas implicancias y riesgos profesionales:

a) Teísmo: Aquí me refiero al tipo de teísmo en donde el mundo es visto como desconectado de lo divino, y como un tipo de influencia que busca alejarnos de Dios intencionalmente. Siendo que dicha doctrina prevaleció en el Cristianismo durante siglos, no es de extrañar que la presente crisis ecológica tiene, como una de sus raíces, esta particular postura, en donde el mundo no es apreciado como una de las tantas y sagradas energías del Supremo, sino “algo más”: a ser explotado, a ser controlado o, en ciertos casos, a ser descartado como un obstáculo al logro fundamental. Mediante esta postura ganamos a Dios, pero perdemos al mundo.

b) Panteísmo: La presente ideología concibe al mundo como Dios mismo, y por ende adorable y digno de ser protegido y venerado. Aunque en este caso recuperamos al mundo, esta vez perderemos de vista a Dios, quien él mismo se ha vuelto el mundo bajo la óptica panteísta, dejando ya de ser entonces un ente individual con el potencial de un vínculo amoroso. Así, aún nos mantenemos perdiendo algo, si es que queremos ganar lo otro.

c) Panenteísmo: Conocido como acintya-bheda-abheda-tattva en nuestra tradición en particular, este sistema de pensamiento busca rescatar lo mejor de ambas partes, reteniendo a Dios como persona pero también re-localizando al mundo en su apropiado altar, siendo el mismo contemplado como una de las innumerables potencias del Supremo Potente, que por ende en última instancia intenta hablarme de su creador y origen.

Identificándonos con la última de las tres propuestas, estaremos entonces listos para enfrentar al mundo con las debidas herramientas, con la apropiada visión ontológica de su constitución y propósito. Como seres humanos (¡qué decir como Gaudiya Vaisnavas!) tenemos un enorme compromiso para con el mundo, y todo lo que allí existe. La materia inerte es animada por la presencia del alma, y es únicamente debido a esta conciencia que podemos descubrir propósito detrás de cada átomo, pues independientemente del componente conciencia, ni siquiera seríamos capaces de hablar acerca de la materia, ya que nosotros mismos constituimos el alma de este mundo, quienes por ende debemos mantenerlo con su debida existencia. Ahora bien, aunque por un lado podríamos decir que la materia inerte no posee alma y que somos nosotros quienes le concedemos vida y propósito, al mismo tiempo podríamos ir un poco más allá…

De entre las diversas expansiones de Bhagavan en lo que es este mundo, encontramos una llamativa manifestación conocida como Ksirodakasayi Visnu, quien principalmente es conocido en relación a su función como Paramatma dentro de cada corazón, pero quien a su vez es también destacado por hacerse presente dentro de incluso cada átomo de la manifestación material. En otras palabras, la así llamada materia inerte contiene dentro de sí al Ser Supremo mismo, en su forma expandida como Ksirodakasayi Visnu. Quizás entonces cada átomo no contenga una jivatma dentro de sí, pero no deja de verse penetrado por la omnipresencia del Absoluto, quien desde allí lo sostiene e impregna todo, volviendo incluso al átomo su sitio de residencia y, por ende, un espacio del todo sagrado. Así, mediante esta última consideración podríamos decir que la materia es inerte únicamente en el sentido de que no posee una jivatma habitándola, pero al mismo tiempo no es inerte (en el sentido de no tener vida) pues la persona más viva de todas, Dios mismo, le habita en una de sus expansiones. Interesantemente, uno de los significados de “inerte” es algo “que está tan quieto que parece no tener vida” (aunque la tiene). Nos suscribimos de esta forma con la última de estas ideas.

Por lo que reconocemos lo sacro de cada átomo, naturalmente abordaremos este mundo como una sustancia venerable, y mediante semejante approach no-violento, la naturaleza nos revelará todos sus secretos, enseñándonos cómo nosotros mismos somos su vida y alma, y cómo cada átomo de su constitución incluye la presencia de nuestra propia fuente. Sriman Mahaprabhu recibió y compartió semejante visión en su tercer verso del Siksastakam, en donde la naturaleza misma (la hierba, el árbol, etc.) cobraba plena vida y le instruía, inspirándole a volverse tan humilde y tolerante como lo son ellos. Así, en la medida en que nuestra práctica progrese hasta etapas como nistha, nuestro abordaje de la realidad será tan íntegro, que el mundo mismo comenzará a hablarnos y develar sus más íntimos secretos, de esa forma cualificándonos más y más como reales habitantes de este plano, todo lo cual significará al mismo tiempo estarnos preparando más y más para habitar el otro plano, Vrindavana, un estado de conciencia. De otra forma, la realidad se contraerá y dejará de confesarse ante nosotros.

En conclusión y para que nos quede más que claro: este mundo no representa en absoluto algo perverso, ni maya-sakti constituye una potencia malintencionada. Al mismo tiempo, este plano no deja de ser para nosotros un problema a ser resuelto y en última instancia, comprenderemos que la naturaleza de este sristi-lila no tuvo comienzo ni tendrá fin alguno, pues existan ilimitadas almas, quienes requerirán de una experiencia como la de este mundo para poder ejercer sanamente su libre albedrío, escogiendo por momentos el intentar vivir una vida separada de su real función y naturaleza. De esta forma, no hay manera de salvar al mundo en el sentido absoluto de la palabra, pero sí debemos conducirnos (mientras aquí estemos) de la manera más sobria y consciente, entendiendo que no podemos cambiar al mundo en su totalidad, pero si existe algo que sí podemos escoger cambiar, somos nosotros mismos, quienes a su vez somos parte de este mundo.

Así, sé el cambio que quieres ver en el mundo, y sálvate a ti mismo como parte del plan de rescate para con este plano. Pues estrictamente hablando, salvarnos a nosotros mismos no podrá ser jamás un acto egoísta, ya que salvarnos implica el convertirnos en dadores plenos, en amantes desinteresados de la realidad, quienes a cada paso únicamente viven para contribuir a la causa universal, y jamás extraer beneficio alguno para un interés separado. Sí, concuerdo, intentar salvarse a uno mismo es incluso más difícil que intentar salvar al mundo, pero no tenemos otra cosa que hacer aparte de ello.

Salva al mundo… salvándote a ti mismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *