Contemplación Semanal # 42 / EL SANNYASA DE KALI-YUGA vs. EL SANNYASA EN KALI-YUGA

La orden de sannyasa (renuncia) dentro del Gaudiya Vaisnavismo (y dentro de otras tradiciones en sus respectivas formas) es y ha sido durante décadas motivo de controversia y opiniones encontradas. Mientras que la idea de abandonarlo (nyasa) todo (sam) en búsqueda del espíritu es de por sí un ideal loable y que mínimamente se ve como algo heroico y conmovedor, su expresión en la práctica y dentro de la relatividad de este mundo puede tomar miles de formas: no necesariamente todas ellas fidedignas, no necesariamente todas ellas desvirtuadas. Así, una cosa será hablar del sannyasa de Kali-yuga y otra cosa muy distinta será referirnos al sannyasa en Kali-yuga. Paso a explicar.

Ante todo, nunca está de más recordar que la orden de sannyasa (o el estilo de vida monástico en sí) tiene principalmente que ver con la adopción de un estilo de vida que sea saludable y sostenible en base a mi naturaleza psico-emocional adquirida, de forma de lograr establecerme en este mundo físico/psíquico con un considerable balance (sattva), el cual de sustentabilidad a mis actos, metas y necesidades. Y es sobre semejante base que uno podrá proyectar de forma sostenible el proyecto espiritual, gradualmente integrando ejemplarmente lo mejor de nuestro lado humano y lo mejor de nuestro potencial devocional. Sin respetar esta fórmula, correremos el peligro de incurrir en variadas expresiones de evasión, represión y, en definitiva, una negación de quienes podemos ser hasta el momento presente. De esta forma, sannyasa (así como cualquier otro asrama) será idealmente una elección natural para aquellos que posean una naturaleza que encastre con dicha orden. 

Ahora bien, siendo que toda instancia en el varna y asrama dependerá del adhikara (aptitud) que poseamos en una dirección u otra a nivel principalmente material y no tanto espiritual, y teniendo en cuenta que las escrituras reveladas de nuestra tradición nos entregan descripciones de cada una de estas órdenes y sus atributos en el marco de una sociedad (y psicología) de miles de años atrás, hay buena razón para preguntarnos qué tanto se aplican ciertas declaraciones escriturales relativas, las cuales describen una época del mundo y su correspondiente mentalidad, a una época como la nuestra, miles y miles de años después. En otras palabras, si de acuerdo al Veda ser sannyasi significaba esto o aquello 5000 años atrás, ¿será que hoy en día dicha definición debe seguirse aplicando al 100%? Desde ya, no planteo esto como una excusa para, en el nombre del sannyasa-asrama, incurrir en lo indebido justificándonos en “la adaptación a los tiempos que corren”, pero al mismo tiempo es importante considerar la posibilidad de ciertos ajustes que sí deban ser tenidos en cuenta, a la hora de expresar nuestra naturaleza en el marco del daiva-varnasrama concebido por Thakura Bhaktivinoda y sus seguidores.

Daiva-varnasrama, en su sentido y aplicación más sustancial, tendrá que ver con aplicar la esencia de dicho sistema psico-social, aceptando que siempre existirán determinadas naturalezas predominantes en el ser humano, las cuales son descritas a modo general en cuatro divisiones de varna y asrama. Pero a su vez debemos recordar que no vivimos en una sociedad en donde el sistema varnasrama exista oficialmente, ni siquiera ya en India. Al mismo tiempo, los paradigmas de cada era cambian cada vez más rápidamente, por lo que ciertos ajustes son imperantes a cada paso, sin por ello tener que sacrificar la esencia de nada….nada fácil de hacer. 

Así, nos encontramos en Kali-yuga: una era donde según algunos el sannyasa es algo prohibido o, en el mejor de los casos, reservado a unas pocas personas en determinada etapa de sus vidas. Más allá de la postura personal de cada cual, sin duda alguna el sannyasa-asrama constituye una posición delicada, en donde la posición del practicante se ve particularmente resaltada con el propósito de llamar la atención hacia el mensaje revelado, que dicho practicante debe idealmente personificar y transmitir a través de su ejemplo y discurso. Pero desde ya, el precio de tal exposición ha sido anunciado por Sriman Mahaprabhu mismo (Caitanya-caritamrita, 2.12.50-51)

prabhu kahe,  āmi manuya āśrame sannyāsī  kāya-mano-vākye vyavahāre bhaya vāsi

śukla-vastre masi-bindu yaiche nā lukāya  sannyāsīra alpa chidra sarva-loke gāya

“Cuando Rāmānanda Rāya se dirigió a Śrī Caitanya Mahāprabhu como la Suprema Personalidad de Dios, Caitanya Mahāprabhu se opuso, diciendo: ´No soy la Suprema Personalidad de Dios, sino un ser humano. Por lo tanto, debo temer a la opinión pública de tres maneras: con mi cuerpo, mente y palabras. Tan pronto como el público en general encuentra una pequeña falla en el comportamiento de un sannyāsī, lo anuncian como un incendio forestal. Una mancha negra de tinta no se puede ocultar en una tela blanca. La misma siempre será muy prominente´.”

A partir de estos dos conocidos versos podemos extraer importantes puntos, tales como:

/ El sannyasi no es Dios, sino un ser humano: Él/ella debe sentir esto para sí mismo, incluso cuando otras personas le sirvan y adoren por lo que tal figura pueda representar en sus vidas. Por su supuesto, siempre existirá la debida adoración (en donde lo que se adora no es la figura humana en sí, sino la corriente de revelación que fluye a través de dicha persona en una medida u otra) y existirá la idolatría (en donde nos apegamos a atributos relativos de dicha persona, sin realmente estar interesados en dar con aquello que le “atraviesa” internamente y se revela a nosotros, y absolutizando así lo relativo -y por ende relativizando lo absoluto-). Al mismo tiempo será importante, tanto para el sannyasi como para aquellos que le rodean, no olvidar el elemento humano allí presente, pues olvidando esto nos quedaremos con una idea de trascendencia fría y poco cautivante, y el sannyasi podrá sentirse solo e incomprendido en un entorno donde se le venere como algo que aún no es y quizás nunca sea, básicamente porque dicha adoración estará conducida desde una idealización superficial y no tanto desde lo que Krishna quiera para la vida de ese sannyasi. Y un sannyasi que se siente solo no durará mucho como tal.

Ahora bien, existe al mismo tiempo la chance de que un sannyasi (o cualquier otro practicante en cualquier otro asrama) gradualmente espiritualice más y más su lado humano, alcanzando el estadío de “humanismo divino”, el cual será un requisito para habitar el nara-lila de Sri Hari en Vraja, en donde lo humano y lo divino alcanzan su más perfecta y encantadora síntesis. Pero dicho logro no es fácil ni barato, y un sannyasi deberá trabajar con su propia humanidad de forma realista y humilde, de manera que la misma se vea cada vez más y más trascendida: pero aquí “trascendida” no significará descartada, sino más bien integrada en una síntesis cada vez superior, dando lugar a espacios más y más amplios de espiritualización y santidad. En tales casos, dicho practicante ha dejado de ser un humano en el sentido material de la palabra: tal persona se encuentra más allá de las fallas y caídas que acompañan a la especie humana aún no divinizada. Nuevamente, esto será la excepción a la regla generalmente, pero ello no quita que debamos seguir buscando la asociación de tales personas, para nosotros mismos eventualmente también proyectar nuestra humanidad en la dirección divina.

/ El sannyasi debe cuidarse de la opinión pública con cuerpo, mente y palabras (pues sino incluso una pequeña falla será ventilada y amplificada fácilmente): Ligado al punto anterior, aquí nos encontramos con una más que delicada consideración a tener en cuenta. Toda persona elevada a un puesto de liderazgo y/o influencia cargará sobre sus espaldas un especial nivel de responsabilidad, para el cual uno debería estar preparado y en relación al cual uno debería estar consciente de antemano, para a futuro no tener que lidiar con decepciones evitables. Desde ya, no siempre uno puede calcularlo todo a la perfección, y muchas veces (¡la mayoría!) terminamos aprendiendo a través de nuestros errores. Ser humano también implica eso, y debemos permitir y permitirnos dicho aprendizaje, aunque también debemos intentar ahorrarnos de todo aquel sufrimiento y dolor que nos sea posiblemente evitable. 

Aún así, aquí Gaura dice que una pequeña falla será magnificada por el pueblo, debido al contexto en el que se manifiesta. Para esto él da el clásico ejemplo del punto negro en la tela blanca: en una tela negra u oscura, un punto negro será pasado por alto debido a que ya se encuentra acompañando un entorno de oscuridad, pero en un entorno de claridad y pureza, cualquier cosa diferente a ello resaltará y será inevitablemente amplificado ante los ojos de la audiencia. Ello no necesariamente nos habla de que dicho sannyasi sea alguien totalmente indigno, sino muy probablemente lo contrario: hay tanto blanco (pureza) en su vida, que justamente cualquier negro (impureza) que aparezca, creará un contraste extremo principalmente por el trasfondo de blancura allí presente. Lo mismo se aplica al caso opuesto: un fondo negro y un punto blanco, una persona totalmente impía que súbitamente se comporta de forma virtuosa. Pero aún así, el primer caso seguirá llamando más aún la atención. Si esta ley se aplica ante un error menor, podemos naturalmente concluir acerca de cuál será la reacción del público ante errores ya no menores. Y por supuesto, qué es un error menor y qué es un error mayor deberá ser debidamente analizado y concluido, cuidándonos de que la emocionalidad no nos haga ver un punto negro como un océano de tinta china, ni tampoco que otro lado de nuestra emocionalidad no nos haga reducir dicho océano a un punto que pueda ser más grande de lo que nos parezca. 

En conclusión, mi opinión personal es que ser sannyasi en Kali-yuga sí es desde ya posible, pero para volver exitoso dicho emprendimiento muchos elementos deberán ser considerados, entre otros los aquí mencionados. Y ello no quitará que de todas formas existan conflictos, confusiones, errores minimizados o engrandecidos por la audiencia o uno mismo, y todo ello será parte del proceso de aprendizaje de cada actor dentro de esta obra llamada sristi-lila. Por otro lado, ser sannyasi de Kali-yuga tendrá más que ver con abrazar el carcasa de dicha orden, en pos de una auto-centralización que contradiga el mismísimo ideal devocional: y mientras que algunos sannyasis pudieron haber comenzado su trayectoria con la idea apropiada en mente y luego haberse corrompido en el camino, otros pudieron haber comenzado con falsas motivaciones y en el trayecto haber podido aterrizar ante la realidad del asunto, así como otros estar siendo genuinos (o su exacto opuesto) de principio a fin. 

Al final del día, todos nosotros tendremos que responder por nuestros propios actos ante la agencia de la justicia divina y, especialmente en el caso de un real practicante, ante la aduana de la amnistía espiritual. Por lo que más que intentar concluir sobre el juicio que a cada cual le corresponda, intentemos ante todo cuidar nuestro propio jardín de forma ejemplar, y sobre dicha base y recién en ese momento, atrevernos a mirar fuera de nosotros con la mayor amplitud, comprensión e inteligencia posibles.

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