Contemplación Semanal # 44 / AÑO NUEVO…¿VIDA NUEVA?

Un nuevo año, y con ello una nueva posibilidad de concebir nuestro pasado, presente y futuro. Querámoslo o no, los ciclos del tiempo (cumpleaños, nuevos años, etc.) marcan nuestra existencia y nos invitan a replantear nuestra situación presente, qué nos trajo hasta aquí y cómo deseamos realmente proyectar nuestra existencia. 

El tiempo no solo es real, sino que incluso representa una sumamente poderosa manifestación del Absoluto, intentando acercarse hacia nosotros en la forma de aquello que queda atrás (devorado por el tiempo) y aquello que se presenta como un posible horizonte que nuestra vida requiera (auspiciado por el futuro). De más está decir, el presente será la plataforma ideal de despegue para semejante proyecto, desde donde seremos capaces de dar vuelta aquellas páginas que requieren quedar atrás, para así dar lugar a una nueva identidad, la cual nos espera en este nuevo año, y a cada nuevo día.

Desde ya, que un nuevo año implica una nueva vida es algo que es más fácil decirlo que ejecutarlo. “Vida nueva” no es un concepto barato en absoluto: transformar nuestra existencia en algo considerablemente diferente a lo que conocía hasta el 31 de diciembre del 2019 no es algo sencillo, por no decir imposible. De todas formas, nuestra vida debe cambiar de una forma u otra, y pese a que un Año Nuevo no represente en sí un acontecimiento necesariamente trascendental, sí puede convertirse en toda una excusa perfecta para atrevernos al replanteamiento, a la re-configuración, a la duda saludable, la cual dará lugar a un más profundo sentido de la certeza. 

Empezar desde cero en un sentido nos habla de siempre permanecer como eternos estudiantes, o en las palabras de Jesús “mantenernos como niños ante Dios”. Si estamos conscientes de la presencia del Absoluto en nuestras vidas, y de qué múltiples formas él se hace presente (y se quiere hacer presente) no podremos más que permanecer en un estado de continua humildad y asombro, dimensionando nuevas posibilidades, nuevos horizontes, nuevas invitaciones, nueva esperanza. Una vida nueva no se refiere a un cambio radical, extremo ni precipitado, pero sí una saludable y continua sensación de poder seguir transformándonos, puesto que nuestro potencial como almas justamente nos habla de eso: una perpetua transformación, sin límite alguno para el progreso, jamás.

De esta forma, el desafío siempre nos sigue esperando y alentando. La posibilidad de adentrarnos en una vida de amor eterno se mantiene como la única esperanza permanente de por vida. Sin amor, todo se vuelve una excusa y con amor, todo queda perfectamente justificado. Esto último sin embargo es el logro máximo de nuestras vidas, y ojalá que todos nosotros deseemos estar a la altura de las circunstancias, para al menos año tras año ir acercándonos a una propuesta así, y que cada año que nos encuentre nos haga también encontrarnos con una nueva persona, con un nuevo nivel de identidad trascendente alcanzado.

¡Año nuevo, vida nueva!

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