Contemplación Semanal # 46 / ¿POR QUÉ SANNYASI Y NO BABAJI?

Esta quizás sea una pregunta que, más de una vez, muchos de nosotros nos hemos hecho. En otros casos, quizás nunca nos hemos planteado este punto por simple ignorancia del tema o, peor aún, por considerar que ya sea la orden de babaji o la de sannyasa (dependiendo del trasfondo de nuestra afiliación devocional) representan una desviación de aquello que “debería ser”. Siendo que personalmente no concuerdo con esta última opción, paso a continuación a narrar algunos detalles del trasfondo de mi ordenamiento como sannyasi, de cómo y por qué mi sannyasa-guru estuvo a punto de concederme la orden de babaji, y cuál fue la razón para él finalmente haberme otorgado sannyasa.

Ante todo, analicemos por un momento la historia y trasfondo de ambas órdenes, y de cómo ellas surgieron originalmente, se desarrollaron con el tiempo y se siguen expresando en el momento presente:

La orden de babaji (por momentos conocida también como “vesa”) representa en verdad la orden de renuncia original de nuestra sampradaya. Aunque explícitamente Sriman Mahaprabhu aceptó sannyasa de una escuela impersonal con un propósito muy específico en mente, los arquitectos de nuestra sampradaya (los 6 Goswamis) no adoptaron dicha orden en sus propias vidas, sino que más bien vistieron blanco, y dicha tradición se extendió a partir de allí en toda la Gaudiya sampradaya de forma unánime, hasta el advenimiento de Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakura.

Así, la orden de sannyasa no representaba una consideración factible en la comunidad Gaudiya, siendo que el sannyasa-asrama es una de las cuatro posibilidades dentro del sistema de varnasrama-dharma (en relación a asrama en este caso) y, con la idea de que un Vaisnava tiene poco y nada que ver con dicho sistema, la orden de sannyasa no había sido considerada como una posibilidad a la hora de abrazar una vida de renuncia. Ahora bien, como suele ocurrir en muchas partes y ocasiones, con el paso del tiempo cierta sección de la orden babaji comenzó a incurrir en actividades inmorales, justificándose en la eficacia del bhakti para erradicar todo pecado, y mencionándose que mientras uno no cometa aparadha el bhakti eventualmente concedería todo lo necesario, por lo que no había necesidad de prestar tanta atención a ciertos detalles de la propia conducta de uno. Aunque en un punto correcta, al ser abusada, este tipo de postura llevó a que la reputación de la comunidad Gaudiya no sea muy apreciada a los ojos de la sociedad en general. Y es aquí donde Srila Sarasvati Thakura aparece en escena.

Siguiendo la instrucción y deseo de Thakura Bhaktivinoda (su padre y guru más prominente), Sarasvati Thakura re-introdujo la orden de sannyasa como un intento por posicionar al Gaudiya Vaisnavismo dentro de la sociedad y opinión pública, desde una mirada favorable. Para ello, él enfatizó intensamente la importancia de que sus discípulos renunciantes exhiban el más alto nivel de moralidad y ética humana, como un intento por contrarrestar el referente desvirtuado de cierta sección de la orden babaji. Y al hacer esto él vistió a sus renunciantes no de blanco, sino de azafrán. En sus propias palabras, él hizo esto para “mostrar al mundo que la orden de babaji está por nuestra cabeza y es adorable para nosotros, pero como sannyasis nos elegiremos situar por debajo de aquellas ropas vestidas por Rupa y Sanatana”. De esta forma, pese a que la orden de babaji supo continuar incluso hasta el momento presente, a través de Sri Prabhupada Bhaktisiddhanta una innovadora variante comenzó a manifestarse dentro del universo Gaudiya a la hora de optar por la vida un tyagi: la orden de sannyasa, y el color azafrán. 

Ahora bien, dicho color tuvo a su vez su propio y único trasfondo: Srila Bhaktisiddhanta primeramente experimentó con otros matices, visitiendo a sus sannyasis de color verde e incluso negro, tal como los misioneros cristianos. Al mismo tiempo tomó elementos de la orden Ramakrishna, así como de la Sri sampradaya a la hora de dar forma a lo que sería un revolucionario ajuste. Así, él finalmente se decidió por el color azafrán, característico de los seguidores del Advaita Vedanta y generalmente condenado por las escrituras devocionales, por justamente representar la doctrina monista, la cual en gran parte se opone diametralmente al bhakti-siddhanta. Pero a este respecto, Bhaktisiddhanta Sarasvati pensó en términos similares a los de Mahaprabhu mismo, considerando cómo dicha orden (y color) eran usualmente respetados en la sociedad, y el mero hecho de uno vestir un color diferente al blanco (siendo que absolutamente todos -casados y renunciantes- vestían blanco) resaltaría y así llamaría la atención en la dirección de aquella persona vistiendo azafrán, todo lo cual generaría un momento propicio para compartir la enseñanza. De hecho, dicha orden y color tienen más que ver con el sendero del jñana que con el del bhakti, y siendo que muchos sannyasis impersonalistas solían aparecer desfilando pomposamente sobre elefantes considerándose a sí mismos como Narayana, Prabhupada Bhaktisiddhanta consideró utilizar esa misma posición y color para llamar la atención del público, pero para entregar una concepción considerablemente diferente. En otras palabras, tanto la orden de sannyasa como el color escogido por Prabhupada Bhaktisiddhanta representaron una estrategia de prédica relativa a un tiempo, lugar y circunstancia específicos, y no representan una verdad absoluta aplicable a todo momento y época.

Dicho esto, Prabhupada Bhaktisiddhanta tuvo unos pocos discípulos babajis, y luego sus propios discípulos (tales como Srila B. P. Puri Maharaja y Srila B. P. Kesava Maharaja) iniciaron aún más babajis que su propio gurudeva. Pero la consideración general era la siguiente: un babaji es alguien que no predica y más bien se recluye en bhajana, mientras que un sannyasi se mantiene viajando y diseminando el mensaje de Mahaprabhu. En las palabras de Thakura Bhaktivinoda, el primero sería un bhajananandi (“quien encuentra ananda en el bhajana”) mientras que el segundo sería un gosthyanandi (“quien encuentra alegría en la prédica”). Así, la orden de babaji pasó a ser por muchos ligada con la cuarta etapa de la vida de renuncia, conocida como paramahamsa, mientras que el sannyasa era visto conectado a la tercera etapa de la vida de renuncia, conocida como parivrajaka. Paradójicamente, muchos a su vez veían (o ven) la actividad de prédica de un sannyasi como superior a la vida de bhajana de un babaji, malinterpretando que la expansión externa es de por sí superior a la expansión interna (cuando en verdad ambas deben retroalimentarse debidamente).

Ahora bien, esto no necesariamente fue, es ni tendrá que ser así: aunque pueda ser el caso, un babaji no necesariamente será alguien recluido en el Dhama de forma exclusiva y únicamente ocupado en nirjana-bhajana. Tal como Thakura Bhaktivinoda lo dijo, existe el bhajanandi y el gosthyanandi, pero en la época que el Thakura escribió esto no existía la orden de sannyasa dentro del universo Gaudiya, por lo que necesariamente él se refería allí a la posibilidad de que un babaji pueda ser más introvertido y abocado del todo a su bhajana o que otro babaji pueda, de acuerdo a su naturaleza e inspiración, estar también ocupado (además de su bhajana desde ya) en labores de diseminación del mensaje. Sin ir más lejos, tenemos el ejemplo de Rupa Goswami mismo, quien como babaji (palabra que interesantemente no se encuentra mencionanda en el sastra) se ocupó en tareas tales como las de construir e incluso diseñar el famoso templo de Govindaji en Vraja, interactuando con gobernantes de la época y consiguiendo donaciones para ello. También sabemos del famoso caso de Jiva Goswami, quien se vio involucrado en asuntos legales a la hora de defender la propiedad de ciertos templos en Vraja. En casos más contemporáneos, un interesante caso es el de Satyanarayana Dasa Babaji, quien no solo dirige su propio instituto sino que también viaja fuera del Dhama (y de India) organizando retiros y jornadas de aprendizaje ligadas a diversas ramas del conocimiento védico. Es así como encontramos todo un mundo de posibilidades a la hora de abordar estas diversas órdenes. Nada es blanco o negro en la vida, y mucho menos en la cosmovisión Gaudiya.

Para seguir desestructurándonos un poco más, en la introducción al Samskara-dipika (obra de Gopala Bhatta Goswami complementaria a su Sat-kriya-sara-dipika) se mencionan cosas tales como “el principio de tomar sannyasa puede establecerse tomando diksa de acuerdo con los mandatos de Pañcaratrika de un guru genuino, y cuando uno puede renunciar a las marcas del sannyasa-asrama, alcanza el estado de paramahamsa. De la misma manera que una Vaisnavi femenina calificada puede adorar a salagrama sila, ella puede también tomar dos piezas de tela como brahmacari o renunciante. Ejemplos de sannyasa en la Gaudiya sampradaya son Svarupa Damodara y Madhavi Devi, una mujer que tomó la orden de renuncia. Por otro lado tenemos a Ragunatha dasa, a quien Nityananda Prabhu le dio kaupina”. Entre otras cosas, aquí vemos a) cómo en el gaura-lila encontramos ejemplos tanto de sannyasa como de babaji, b) cómo una dama puede de hecho aceptar la orden de renuncia y c) cómo alguien que aceptó sannyasa puede eventualmente abandonar dicho ropaje y recibir vesa (comprendiendo a “babaji” en este caso como, más que una orden, como el abandono de toda orden). Esto último es de hecho mencionado en el Bhagavata 10.60.39 en donde Rukmini, en las palabras de Sri Visvanatha Cakravarti Thakura, menciona que “en verdad, los así llamados mendigos (bhiksus) son sabios situados en la etapa paramahamsa de la vida, quienes han alcanzado el más alto nivel de avance espiritual y, por lo tanto, han abandonado la vara (danda) propia de un sannyasi.”

Ante esta amplia variante de posibilidades, podríamos concluir que, en un sentido, no se requiere permiso para renunciar al mundo, pero al mismo tiempo existe una orden formal de sannyasa en la que uno puede entrar con la bendición de un guru y atravesando ciertos samskaras. Por lo que más allá de la orden de sannyasa mencionada en el sastra, cualquiera puede convertirse en un tyagi o al menos intentarlo; esto es lo que hizo Akincana Krishna Dasa Babaji. Aún así, generalmente se nos recomienda hacerlo con bendiciones y de esa forma recibir vesa, lo cual parece ser el sistema que se desarrolló en nuestra sampradaya, aunque no se ha escrito nada al respecto en términos de describir un ritual específico para ello, etc.

Volviendo entonces a mi tema inicial y central de este artículo, durante varios días conversamos con mi sannyasa-guru sobre qué postura tomar a la hora de conceder y recibir la orden de renuncia. Uno de los puntos que nos hicieron pensar en la posibilidad de babaji-vesa fue que, así como Prabhupada Bhaktisiddhanta instauró la orden de sannyasa como un intento por remediar ciertas irregularidades dadas en la orden de babaji, hoy en día nos encontramos con un buen número de irregularidades exhibidas dentro del asrama de sannyasa, por lo que quizás la orden de babaji pueda ser esta vez una forma efectiva de contrarrestar ello. ¿De qué forma? Generalmente un sannyasi acepta una posición destacada, como una estrategia de prédica para llamar la atención de las masas y entregar su discurso devocional. Ahora bien, semejante posicionamiento y todo los elementos confrontativos que le acompañan puede también representar una posible amenaza a su práctica y conducta, así como también algo que genere rechazo en una buena parte de la audiencia contemporánea (aunque en el pasado quizás generase lo contrario a ello). Por otro lado, un babaji es típicamente alguien que no llamará tanto la atención, y que suele ocuparse en servicios básicos en los que un sannyasi generalmente no es ocupado. En otras palabras, la orden de babaji busca naturalmente generar un bajo perfil y un cultivo de profunda humildad, mientras que la orden de sannyasa gira en gran parte alrededor de pratistha (posicionamiento), aunque dicha posición debería también ser utilizada en servicio y como una forma de cultivar, en ese marco específico, una igual de profunda humildad Vaisnava. Tal como también es mencionado en la introducción al Samskara-dipika: “cuando el Vaisnava adopta los signos externos de sannyasa, uno debe comprender que esto es para enseñar a la población general la necesidad de renuncia de acuerdo con las Escrituras. La suma y la sustancia de dicha orden, sin embargo, es la adoración al Señor Supremo sin anhelos materiales por todos los medios, ya sea adoptando las marcas de asrama o renunciando a toda designación material de varnasrama”.

De esta forma, pensando y orando durante días, llegamos a la conclusión de que, al menos en mi caso y por el momento, lo ideal será continuar con la orden sannyasa, sobre todo debido a que, de uno aceptar babaji, ello representará toda una píldora difícil de digerir para cierta sección de la comunidad Gaudiya, quienes de hecho ya están experimentando cierta dificultad en digerir otros conceptos de nuestra propia tradición. Al mismo tiempo, la conclusión natural fue que hoy en día es también importante hacer una mayor énfasis en la propia práctica que en la prédica, y en el caso de la prédica, realizar un énfasis en la necesidad de predicar a los devotos, más que a gente nueva. De esta manera, no queriendo sobrecargar la capacidad de procesamiento de la comunidad Gaudiya contemporánea y queriendo realizar ciertos énfasis en particular es que nos decidimos por continuar con la orden de sannyasa, pero al mismo tiempo siendo conscientes de la necesidad de a) dejar en claro el trasfondo de dicha orden y la conexión con una orden tal como la de babaji y b) enfatizar la necesidad de que, pese a que uno continúe como sannyasi y por ende reciba cierta posición y reconocimiento, que todo ello sea humildemente ocupado en servicio a Sri Guru y Gauranga sin por ello descuidar nuestra vida interna de bhajana, pues como Srila Prabhupada Bhaktisiddhanta mismo dijo “un gosthyanandi verdadero es un bhajanandi que predica”. Pero desde ya, esto no quiere decir que eventualmente no pueda ser necesario volver a realizar un nuevo ajuste en dicha orden de acuerdo a la necesidad del momento, pero sea uno sannyasi o babaji, lo ideal es que si uno recibe respeto, ello venga como un resultado natural del ejemplo ideal que uno esté dando. E incluso pese a que ello esté allí, muy probablemente también siempre existirá algún tipo de crítica siendo ello la naturaleza de este plano, pero todo ello será también debidamente retirado con el tiempo, si es que uno es genuino en su integridad devocional.

Así, intentando honrar el aspecto esencial de esta orden y también comprendiendo sus elementos relativos es que el día de hoy presento estas palabras, buscando en alguna medida responder a esa pregunta que muchos quizás nos hicimos: ¿por qué sannyasi y no babaji?

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  1. Yey duvan Osório dice:

    Jáya maharaj gracias por compartirlo

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