Contemplación Semanal # 56 / CORONAVIRUS & KARUNAVIRUS (parte 3): La Mitad del Vaso Lleno…¡y Más aún!

(Durante las siguientes semanas, las Contemplaciones Semanales se mantendrán centradas en diversas perspectivas centradas en el fenómeno del coronavirus, en un intento de contribuir al diálogo virtual concerniente a esta innegable situación presente. Por dicha razón, el título de todas estas publicaciones será el mismo, pasando del concepto de coronavirus al de karunavirus, el cual se traduce como “gracia divina” en lengua sánscrita)

Aquí me encuentro luego de haber participado de lo que quizás fue el primer retiro online de japa de la historia del Vaisnavismo Gaudiya. Más allá de lo favorable de dicha experiencia en sí, aproveché la ocasión para tomarme simultáneamente un retiro de todo lo concerniente al fenómeno del coronavirus, sin entrar en contacto con ningún tipo de información al respecto durante el último fin de semana, y quizás un poco más aún. Esta última estrategia no fue invocada a modo de evasión, sino justamente lo opuesto: por tomar la debida distancia de este y cualquier otro tema, naturalmente adquirimos una perspectiva más profunda, amplia y objetiva de aquello que estamos intentando observar y comprender

Otra palabra para dicha postura es “desapego”, o el tomar la debida distancia del objeto de mi análisis no para perderlo totalmente de vista, sino para lograr capturar escenas y aspectos del mismo que no eran del todo visibles al contemplar algo estando demasiado cerca. Y creo que está de más decir que la mayoría de nosotros se encuentra “demasiado cerca” de un tópico como el coronavirus, en el sentido de que últimamente el mismo se ha vuelto la meditación casi exclusiva en la mente de la mayoría de los habitantes humanos del planeta. Y pese a que en cierta medida ello se encuentra justificado y es hasta necesario en ciertos casos, siempre se corre el peligro del exceso o la desinformación, en donde terminamos sobredimensionando en nuestro fuero interno algo que no necesariamente merece el total de nuestra atención, tiempo y vida a nivel cantidad, ni un foco errado y disfuncional del tema a nivel calidad.

Ahora bien, este artículo trata de todas formas sobre el fenómeno del coronavirus, y con ello no deseo contradecir mis palabras previas, las cuales intentan poner en contexto el contenido del presente artículo. Más bien y como acabo de aclarar, uno no busca olvidarse superficial y absolutamente de un aspecto tal de nuestra realidad presente, pero sí adoptar las medidas necesarias para que, a la hora de hablar de ello, no tengamos únicamente cosas negativas para expresar, ni nos concentremos excesivamente en todo lo oscuro y aparentemente apocalíptico que dicho virus intenta traer a nuestras vidas. Mientras que la postura más cómoda será siempre enfocarnos en la mitad del vaso vacío, el día de hoy propongo un ejercicio más desafiante y sustancial, y no por ello menos realista: adoptando la debida óptica, lograr apreciar todos los beneficios e incluso bendiciones que un fenómeno como el coronavirus ha traído a nuestras vidas, todo ello en conexión con algunas de sus aparentes causas. Paso a enunciar solo algunas de ellas (invitando a cada cual a contribuir con su propia lista):

a) El fenómeno del coronavirus ha surgido a partir de la venta de animales muertos/vivos en mercados en Wuhan, los cuales no poseen el estándar apropiado de higiene.

Una y otra vez se nos sigue recordando qué tan crucial es no solo aprender qué comer, sino cómo hacerlo. El consumo de animales representa un instinto contradictorio a la real naturaleza humana, y cuando dicho hábito se extiende hacia especies más y más inimaginables y en las peores condiciones posibles de limpieza, semejante combinación puede generar fatales resultados. Y la limpieza no será desde ya algo meramente externo, por lo que en este caso el fenómeno del coronavirus nos invita a meditar acerca del principio de la compasión y la limpieza en todas sus posibles expresiones, y las consecuencias de no abrazar debidamente tales hábitos en nuestra vida.

b) El fenómeno del coronavirus ha surgido como una maniobra política en donde USA intenta disminuir el poderío de China (o incluso viceversa).

Pese a ser un elemento de indiscutible presencia en nuestra historia, el factor político posee como base el lema de “divide y reinarás”. Al menos en cierto nivel e incluso con las mejores intenciones en mente (lo cual dudo en semejante ámbito) dicha concepción es implantada en cada una de las partes, en donde instantáneamente comenzamos a pensar en términos de bandos, grupos, países, provincias, continentes, planetas y de esta forma desarrollamos un desfile interminable de designaciones, que nos hacen sentirnos más y más diferentes y ajenos el uno al otro. Así, el fenómeno del coronavirus se encuentra bendiciendo nuestra existencia en la forma de invitarnos a sentirnos no solo miembros de una misma raza sino de una misma búsqueda y necesidad, la cual en última instancia incluso trasciende nuestra presente designación humana.

c) El fenómeno del coronavirus ha surgido como una filtración accidental de un laboratorio en Wuhan.

Pese a su destacada contribución en multitud de direcciones, la ciencia racionalista y su campo de batalla (el laboratorio) no dejan de representar un principio sumamente limitado, en donde a través de experimentos controlados se intentan establecer parámetros de objetividad en nuestra vida, exclusivamente dependiendo del principio de que “algo es real únicamente si logro manipularlo”. Así, la idea de una filtración accidental de laboratorio representa toda una simbología que el fenómeno del coronavirus nos regala: la tendencia a querer controlar la realidad y únicamente tomar como cierto aquello que obedece a mi mandato posee peligrosas implicancias, que al “filtrarse” pueden crear consecuencias totalmente inesperadas.

d) El fenómeno del coronavirus ha surgido como un negocio farmacéutico, el cual eventualmente administrará la vacuna correspondiente y no solo lucrará con ello, sino incluso accederá a mayores niveles de manipulación genética de su clientela, estableciendo una actualizada expresión de “New World Order”.

No soy alguien que precisamente se deje llevar demasiado por teorías conspiratorias, pero queda más que claro que, por decirlo amablemente, existen ciertas intenciones de trasfondo que no son precisamente las mejores. Y aunque nos veamos tentados a señalar hacia afuera y buscar al enemigo en (en este caso) la industria farmacéutica, al final del día debemos recordar que las únicas multinacionales que controlan nuestra vida se encuentran dentro de nosotros mismos: dentro de nuestra propia mente, en la forma de nuestros innumerables deseos. Así, este bendito fenómeno del coronavirus nos invita una vez más a la introspección, esta vez en la dirección de replantearnos qué tanto el otro puede y quiere manipularme e invadir mi propia mente, y qué tanto nosotros mismos le estamos ahorrando dicho trabajo a los supuestos villanos externos, al no disciplinar nuestra propia existencia como tendría que ser, y entendiendo cómo por más que existan planes desvirtuados desde fuera hacia nosotros, siempre tenemos la oportunidad de conectarnos y refugiarnos con una esfera divina que trasciende toda posible conspiración en este plano.

e) El fenómeno del coronavirus ha surgido como un efecto colateral del sistema 5G establecido en Wuhan.

En este caso abordamos el elemento sonoro. Cuando hablamos de 5G nos estamos refiriendo a frecuencias invisibles, las cuales se transportan mediante el elemento éter. Así, todo ello nos habla en última instancia del factor sonoro, el más sutil y poderoso de todos los elementos. No me canso de recordar a Srila Sridhara Maharaja refiriéndose a la meditación en mantras como “ecología sonora” y desarrollando su tésis acerca de cómo toda contaminación comienza en el plano sonoro ya sea al uno pronunciar mentiras, ser violento o intentar manipular dichas frecuencias como podría ser este caso. A partir de un éter contaminado tendremos como subproducto aire contaminado, y así la secuencia continuará afectando a los demás elementales como fuego, agua y tierra. De esta forma, el fenómeno del coronavirus nos envía un mensaje del todo contundente: aprendamos a utilizar el sonido con seriedad y compromiso, pues de otra preparémonos para ser testigos del principio de acción y reacción.

f) El fenómeno del coronavirus ha surgido como una reacción planetaria totalmente imprescindible, a modo de aliviar el planeta de dosis exacerbadas de contaminación, calentamiento global, etc. 

Recientemente he observado ciertas estadísticas que se han hecho públicas acerca de cómo diversas secciones del planeta han mostrado notorias mejoras por el simple hecho de que el ser humano no interfiera con ellas como lo venía haciendo. Caminando estos días por un hermoso parque muy cerca de donde me encuentro, casi que podía escuchar al río y las aves cantando de alegría y tomándose un recreo de la raza humana. En otras palabras, el fenómeno del coronavirus nos devela claramente la forma de resolver muchos de las amenazantes catástrofes climáticas del momento: darle un respiro al planeta y darnos nosotros mismos un respiro, en la forma de replantear nuestra orientación para con la vida toda, en la dirección de mayor dedicación y servicio. 

g) El fenómeno del coronavirus ha surgido debido a una excesiva e invasiva presencia del ser humano en otros reinos de la naturaleza (lo cual hace que varios de los virus presentes en, por ejemplo, especies animales, sean más fácilmente trasladables a la raza humana).

Similarmente al principio anterior, somos invitados a respetar el cerco de cada habitante y, por encima de ello, a aprender el arte de la empatía. Hoy en día, muchos de nosotros nos sentimos unidos como raza al estar padeciendo un pánico en común, y únicamente al corroborar el sufrimiento del otro podemos de alguna forma aliviar el propio. Esto me recuerda a una historia en donde Buda envió a una persona, la cual se lamentaba por una muerte cercana reciente, a indagar en cada casa de la aldea acerca de si alguno de todos ellos no se había visto golpeado por una muerte cercana. Luego de todo su recorrido, dicha persona corroboró que tal experiencia era del todo unánime, pero únicamente luego de ser testigo del sufrimiento ajeno puedo él comprender y aplacar su propio dolor. Similarmente, el fenómeno del coronavirus nos invita a sufrir y desde ese lugar apreciar el dolor ajeno, no solo de la raza humana, sino de cada especie y átomo.

h) El fenómeno del coronavirus ha surgido como una forma de crear un colapso absoluto en la esfera financiera, facilitando con ello la entrada de monedas virtuales tales como la cripto-currency y digitalizando así toda transacción.

Si existe algo que dispone al ser humano a hacer lo que sea para obtenerlo, ese algo muy posiblemente será el dinero. A través del poder adquisitivo adquirimos la sensación de un potencial de disfrute, y a través de esa idea incorporamos un nuevo mito a nuestra real necesidad de felicidad e, incluso por encima de ello, propósito. Tal como Viktor Frankl lo expuso brillantemente en su logoterapia, una de las enfermedades centrales de nuestra época es la carencia de significado en lo que rodea nuestros días y hábitos. El no dar con un propósito saludable en aquello que me rodea representa en verdad la peor de las pandemias por lo que en este caso, un fenómeno como el coronavirus nos invita a re-calibrar nuestra orientación hacia el principio adquisitivo, comprendiendo que no nos volveremos más por tener más, sino por aumentar el perímetro del propósito de todo aquello que nos ocurre (coronavirus incluido).

i) El fenómeno del coronavirus ha surgido como una conspiración internacional para eliminar de este plano a entidades consideradas no-productivas (enfermos, ancianos) en la dinámica industrial postmoderna.

En el caso de que una posibilidad como esta sea cierta (con o sin coronavirus), necesitamos abordar dicha opción comenzando ante todo por casa. ¿Qué tanto lugar le damos en nuestro ser a la posibilidad de la enfermedad y la vejez? ¿Qué tanto abrazamos dichas etapas de la vida como capítulos necesarios e incluso gloriosos, todos los cuales llegarán a su debido tiempo para (generalmente a la fuerza) mostrarnos que nuestra estadía aquí es impermanente y debemos por ende preocuparnos y ocuparnos en la eterna perspectiva que nos acompaña como seres conscientes? ¿Hasta qué punto valoramos esto no solo en nosotros, sino especialmente en aquellas personas cerca nuestro quienes se encuentran atravesando dichas etapas? Una vez más, el fenómeno del coronavirus busca llamar nuestra atención hacia direcciones más que esencialistas: aprendamos a ser perfectamente felices, incluso si la aflicción (en este caso en la forma de enfermedad y/o vejez) decide por momentos visitarnos. 

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Mientras que personalmente no me atrevería a mencionar una de estas opciones como la única razón detrás de la aparente pandemia que se nos presenta, considero que pese a si incluso todas estas supuestas causas son erradas e irreales, aquel potencial positivo que cada una de ellas nos propone extraer de sí es algo de lo más real y necesario y, con o sin coronavirus, considero urgente que cada miembro de la raza humana pueda recapacitar sobre la absoluta importancia de seguir incorporando tales valores a nuestra vida y planeta, si es que deseamos un futuro (y presente) más y más brillante para cada uno de nosotros. Así, en épocas de calamidad y aparente , no hay nada mejor a realizar que concentrar primordialmente en la mitad del vaso lleno. 

“Siempre habrán vasos vacíos”, decía una canción. Hoy en día creo que es necesario componer un nuevo himno, en donde se nos invite a conocer el “lado b” de dicha obra: “siempre habrán vasos llenos (o hasta la mitad al menos)”. Aunque desde una apropiada perspectiva, el vaso siempre estará no solo lleno a medias ni del todo, sino rebalsando continuamente con las más iluminadoras enseñanzas y aprendizaje.

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  1. Sebastián dice:

    Gracias

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