Contemplación Semanal # 62 / MI MAYOR DIFICULTAD COMO SWAMI

Sí, un swami también tiene dificultades. Y quizás unas cuantas más que el común denominador. Desde ya que hay swamis y swamis, por lo que también habrán “dificultades y dificultades” dependiendo de cada caso. Pero el principio aún se mantiene: la vida de un swami no es precisamente un proyecto simplificado.

Al mencionar esto espero no ser malentendido: adoro mi estilo de vida, lo agradezco e intento cuidarlo y verlo evolucionar a cada momento. Pero nuevamente, una cosa no quita la otra. Existirán allí dificultades como en la vida de todos, y además podríamos sumar a ello una serie de formidables obstáculos que hacen de la vida de un swami (al menos de un swami como mi persona) algo particularmente complejo. Y repito: venero dicha complejidad e intento aceptarla como parte del reto que me corresponde al intentar desenvolverme en mi rol de swami Vaisnava, pero a su vez deseo compartir algo a este respecto para mi propia purificación y ojalá la de otros, en relación a cuál es mi mayor dificultad como swami. Al menos una de las más prominentes, habiendo tantas en verdad para elegir.

En pocas palabras, mi mayor dificultad como swami es el estar constantemente recibiendo elogios y críticas. Para ser más preciso, lo que hace de ello algo especialmente complejo es que muchas veces, tales elogios no son demasiado profundos, ni tampoco las críticas recibidas. De hecho, no deberíamos tener un rechazo ni hacia el elogio ni hacia la crítica, ambos teniendo el potencial de representar muestras de afecto, educación y crecimiento…siempre y cuando los mismos se vean acompañados de un espíritu profundo, empático y comprometido. Si esto último no se encuentra allí, tanto un crítica superficial como un elogio externo serán una y la misma cosa, con suerte dos caras diferentes de la misma moneda. Tiempo atrás recuerdo haber leído una frase (no recuerdo su autor) que decía algo así: “Quien te elogia con facilidad, te criticará con facilidad”. Dicho y hecho.

Como swami, buena parte del servicio asignado por mis guardianes tiene que ver con ser una figura pública. De hecho, todo sannyasi de por sí es una figura pública, al menos en el sentido de que idealmente no debería poseer vida privada alguna. Si a esto le sumamos el no tener una naturaleza introvertida y haber recibido determinadas instrucciones para diseminar el mensaje divino mediante tanto ejemplo como precepto, naturalmente nos encontraremos con una combinación considerablemente expuesta, con todos los pros y contras que ello implique: reconocimiento, seguidores, donaciones, posición pero también elogio y difamación, en un nivel u otro. Y mientras que todo ello no es algo malo en sí mismo, puede convertirse en un elemento indeseable si a) no es dirigido con la madurez e intención debidas y b) no es recibido con esa misma mentalidad.

Así, no deseo con estas palabras culpar ni criticar a nadie por alabarme o criticarme desde un lugar poco sustancial por momentos, pero sí necesito reflexionar acerca de cómo tales actos impactan en uno y cómo uno estar protegido de no reproducir esas mismas escenas a la hora de reciprocar, pues será lo más sencillo el habituarme a ser superficialmente glorificado, apegarme a dicho status quo y buscar más de ello al yo también glorificar superficialmente a quien me glorifica de esa misma manera. Allí tendremos un círculo vicioso interminable, en donde ambas partes se hunden mutuamente en su respectiva zona de confort, hasta tal punto en donde la supuesta glorificación se ha vuelto algo tan barato que súbitamente mostrará su otra cara: crítica

Y mientras que la debida crítica será algo del todo necesario para que un swami logre mantenerse cuerdo y humilde, aquella crítica que surge como una consecuencia de un elogio frívolo será también necesariamente superficial, esto es, destructiva. En otras palabras, será una crítica que no está preocupada por el real bienestar de la persona que es objeto de dicha observación, de la misma forma en que un elogio vano e insustancial tampoco estará verdaderamente tocando las fibras íntimas de la persona elogiada. 

Aprender a glorificar y aprender a criticar es todo un arte que cuando es llevado a cabo apropiadamente, también termina representando dos caras de una misma moneda: si te elogio debidamente ello incluirá a su vez un tipo de crítica saludable, en el sentido de que toda genuina alabanza no es más que invitación a que la persona alabada crezca, reflexione y siga transmutando. Asimismo, solo podré criticarte bienquerientemente si ante todo aprecio y valoro (elogio) tu situación personal y, sobre la base de dicha percepción de lo positivo en el otro, emito mi crítica como un intento de incrementar aún más todo lo positivo que ya se encuentra allí, ya sea en forma de fruto como de potencial.

Una de las formas más poderosas de svarupa-siddha-bhakti es vandana, u ofrecer oraciones. Otra forma de traducir dicho término será “ofrecer elogio/glorificación”, y siendo que entre un genuino elogio y una genuina crítica no hay en verdad diferencia sustancial, vandanam también nos estará entonces hablando indirectamente (y el lenguaje indirecto es el favorito de Sri Krishna) de ocuparnos en criticar, correctamente. El día de un aspirante al bhakti se encuentra rodeado de exclamaciones tales como “¡ki jaya! (¡todas las glorias!)” y no debemos tomar tales momentos baratamente, pues si elegimos ser perezosos internamente a la hora de elogiar (ya sea a Hari, Guru, Vaisnavas o quien fuere) estaremos creando un patrón de conducta ligado a lo fingido, vano y eventualmente ilusorio. A su vez, a la hora de glorificar lo que fuere tengamos presente qué tan importante es balancear nuestro elogio con su inseparable contraparte en la forma de debida crítica, afectuosa y constructiva.

De esta forma, aunque como swami pueda recibir toda una dosis diaria de elogios y críticas externas, debo reconocer que dicha dificultad se ve afortunadamente compensada con una sustanciosa dosis de elogios y críticas constructivos que, incluso pese a no ser mayores en cantidad que lo primero, sí lo son en cuanto a calidad e impacto. No hay nada mejor que poder contar en la vida de uno con personas que realmente nos conocen, realmente están preocupados por nuestro real bienestar, y por ende toman las medidas necesarias para procurar ello en nuestras vidas, incluso “arriesgándose” a no ser superficiales y más bien diciendo las cosas tal como son. Así como no existe nada más poderoso que la verdad, no existirá nada más potente que entablar al menos unos pocos vínculos que únicamente se mantengan en pos de la verdad. A este respecto Srila Sridhara Maharaja mencionó en una ocasión, “casi toda mi vida me mantuve poco acompañado, pero siempre me di el lujo de hablar la verdad”.

Y tales personas serán las que realmente tendrán algo genuino para decir a la hora de tanto elogiarnos como de criticarnos, y personalmente anhelo mantenerme dispuesto a prestar especial atención a tales opiniones, pues sé que serán las que me protegerán, nutrirán y animarán de forma realista y esencialista en mi proyecto devocional. De esta forma concluyo esta presentación, utilizándola a su vez como excusa perfecta para expresar mi gratitud hacia ambas direcciones: a) hacia todos aquellos que tienen el valor de acercarse a mí sustancialmente (ya sea que tengan que criticarme o elogiarme -o lo que fuere-) y b) hacia todos aquellos que aún escogen abordarme de forma superficial, pues mediante dicho acercamiento me recuerdan más y más intensamente qué tanto estoy necesitando de verdaderas relaciones (cada vez más y más verdaderas) en mi vida. 

Oro para que estas palabras nos sigan inspirando a crecer aún más en nuestro abordaje del otro, una hermosa tarea que no tiene fin ni límite alguno. Afortunadamente.

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