QUÉ PUDE APRENDER A TRAVÉS DE LOS 12 PASOS

Con este pequeño artículo doy una especie de inicio a ciertos escritos esporádicos, en donde intentaré compartir algunas de las lecturas que enriquezcan y den nuevo y mayor sentido a mis días, de esta manera buscando extender mi limitada experiencia al corazón de otros potenciales y mejores lectores que puedan así también beneficiarse del siempre valioso mensaje que la verdadera literatura ha tenido y tendrá siempre para ofrecernos.

Es así que durante las tres últimas semanas me aboqué (intermitentemente en verdad) a una interesante obra dentro de un género que, como aspirante al Gaudiya Vaisnavismo, podríamos bautizar como “lectura complementaria”: obras que, estrictamente hablando, no encajan dentro del perímetro de un escrito revelado a partir del linaje devocional al que pertenezco, pero que de todas maneras no dejan de arrojar nueva luz sobre temáticas de interés ya sea a) en relación a sucesos y fenómenos contemporáneos de nuestro mundo actual, así como también b) entregando nuevas y dinámicas perspectivas desde las cuales poder abordar aquellos mismos asuntos que los textos milenarios han indicado desde siempre.

En el caso de esta obra en particular, me atrevo a declarar que la misma ha sabido cumplir (al menos para mi persona) ambos requisitos exitosamente, por un lado describiendo un fenómeno tan propio de nuestros tiempos como la adicción, pero a su vez presentando dicho principio de forma tal que podamos sentirnos amablemente invitados a re-configurar nuestras posibles nociones acerca de qué es la adicción en sí, hasta el punto de concluir en cómo semejante síntoma posee implicancias que necesariamente se entrelaza con profundas necesidades espirituales, todo lo cual existe desde tiempo inmemorial para todos.

Para acabar con el misterior, el libro al que aquí me refiero se conoce como Recovery (“recuperación/rescate”), y su autor es el famoso comediante e intelectual británico Russell Brand. En sus atractivas páginas, Mr. Brand describe de manera visceral y sumamente detallada aquella vertiginosa travesía que él supo atravesar para finalmente hacer honor oficial al título de su obra (publicada en idioma inglés hasta el momento), pudiendo mantenerse “limpio” durante ya hace más de diez años y habiendo encontrado la salida a su paradigmática situación a partir del famoso sistema conocido como los “12 Pasos”, el cual ha sido mundialmente abrazado a través de organizaciones tales como Narcóticos Anónimos y Alcohólicos Anónimos, entre otros.

En lo personal llegué a conocer a Russell a través de sus diversas presentaciones ya sea mediante podcasts, performances en vivo y entrevistas, viéndome atraído hacia su persona por diversas cualidades: su auténtica honestidad, una más que interesante intelectualidad y verborragia con la cual ha sabido presentar ideas que hasta hoy resuenan en mí, su afinidad para con lo espiritual en general y el Gaudiya Vaisnavismo en particular hasta cierto punto, y así otros tantos atributos. A su vez, desde algunos años he tenido la chance de cultivar amistad con personas que han salido de sus respectivas adicciones gracias al programa de los 12 Pasos, y con quienes supimos compartir muchas experiencias en común a nivel interno, en relación a las diferentes etapas de sus períodos de adicción respectivos. Así, esta particular combinación me llevó hacia Recovery de una manera casi instintiva, con una curiosa expectativa acerca de cómo dicha lectura repercutiría en mi propio caso pues, sea lo que sea que leamos o experimentemos, en todo deberemos aprender a extraer una lección personalizada hacia cada uno de nosotros. Y esta no fue la excepción.

Pese a en mi caso haber escuchado previamente cuáles eran cada uno de los doce pasos que componen este famoso sistema, no puedo negar que por emepzar, quedé positivamente sorprendido con este trabajo al notar una muy natural y casi innegable similitud entre lo que cada uno de estos pasos representa/implica y los diversos peldaños y capítulos por los que un aspirante a la espiritualidad debe transitar, al menos en ciertas etapas de su proceso. En un intento de resumen, comparto a continuación entonces estos 12 pasos, dejando al criterio del lector el poder entrever cómo los mismos se llegarían a aplicar en la circunstancia respectiva de cada practicante, de acuerdo a su sendero espiritual específico:

  1. Admitimos no tener control sobre nuestra adicción y cómo nuestra vida está fuera de nuestro propio control.
  2. Creemos en un poder superior a nosotros mismos, para así ser restaurados y devueltos a un estado de sanidad.
  3. Nos decidimos a dirigir nuestra voluntad y vida al cuidado de Dios, tal como lo podamos concebir.
  4. Realizamos un exhaustivo inventario moral de nosotros mismos.
  5. Admitimos a Dios, a nuestro propio ser y a alguna otra persona, la naturaleza específica de cada uno de nuestros errores.
  6. Estamos del todo listos para que Dios remueva cada uno de nuestros defectos de carácter.
  7. Le pedimos humildemente al Supremo que nos libere de todo obstáculo.
  8. Hacemos una lista de todas aquellas personas a las que pudimos haber lastimado a través de nuestra adicción, y nos preparamos para enmendar ello de la forma que sea necesaria.
  9. Intentamos compensar a las personas heridas dentro de nuestras posibilidades, excepto cuando por hacerlo podamos lastimar a ellos o a otras personas.
  10. Continuamos realizando un inventario personal y cada vez que nos lleguemos a equivocar, lo admitiremos de inmediato.
  11. A través de la oración y/o meditación buscaremos mejorar nuestro contacto conciente con Dios tal como lo concibamos a él, orando únicamente para conocer cuál es su voluntad para con nosotros, y así lograr recibir el poder necesario para llevar dicha voluntad a cabo.
  12. Habiendo experimentado un despertar espiritual a través de estos 12 pasos, intentaremos compartir este mensaje con otros adictos, y seguiremos practicando cada uno de estos principios en todos nuestros asuntos diarios.

¿Intenso, cierto? Como podemos ver, todo un diluvio de atributos universales positivos (y más que desafiantes) son necesariamente invocados en cada uno de estos pasos, tales como aceptación, confianza, entrega, honestidad, gratitud, amor, servicio, comunidad y muchas otras cualidades con las que el autor de esta obra ha de hecho elegido ilustrar su libro, tanto en la parte inicial como al cierre de éste. Pues sin semejante invocación, será por cierto imposible trascender la otra lista igual (o más) de larga, en donde se registren nuestras debilidades a asumir, procesar y transformar en virtudes. En lenguaje jungiano: aprender a integrar nuestra sombra.

Ahora bien, más allá de esta importante diosidencia (¡nunca coincidencia!) que cada uno de los 12 pasos presenta en relación al propio proceso interno, considero que la más valiosa y profunda lección que Recovery me ha regalado, es el haberme ayudado a reconocer el cómo yo también soy un adicto: en recuperación tal vez, pero adicto al fin y aún. Puesto que más allá de haber experimentado en mi pasado y adolescencia un sinfín de sustancias y experiencias en la búsqueda por un sentido superior a mi vida y hoy en día poder a su vez agradecer a Dios que durante ya casi veinte años no he tenido inconvenientes con sustancia alguna así como otros hábitos que no acompañan la conducta de un monje, esto desde ya no quita que uno haya quedado totalmente inmune a toda clase de adicción, las cuales suelen ahora quizás desfilar de manera indirecta y casi inadvertida, adicciones tales como:

  • Auto-centralización
  • Prejuicio
  • Arrogancia
  • Ensimismamiento
  • Intolerancia
  • Egoísmo
  • Victimización
  • Y la lista podría seguir…

Por supuesto, más de uno podrá decir “Swami, ¡no exagere!” o clamar “¿Quién no está libre de todo ello?”, pero el punto aquí es que incluso por más que asumamos tales defectos en nuestra persona en cierto nivel, muchas veces no logramos dimensionar la exacta magnitud de su presencia, y el cómo tales mecanismos o actitudes no dejan de ser una variante de adicción, incluso muchas veces más mortífera, sutil y tóxica que cosas como el dinero, las drogas, el sexo y tantos otros hábitos en los que usualmente sabemos excedernos.

En las palabras de Russell Brand (levemente editadas), podríamos definir una adicción como “aquella situación en donde diversos imperativos biológicos naturales tales como la necesidad de comida, sexo, relajación, posición en el mundo y otros, se priorizan hasta el punto de la destructividad, todo ello exacerbado dentro de una cultura de consumo que explota lo mecánico y sabe cómo vendernos lo que sea”. De hecho nos encontramos en una era de adicción, en donde el pensamiento adictivo se ha vuelto algo práctimante omnipresente en cada rincón, célula y átomo de esta sociedad. Un interesante sinónimo para el concepto de Kali-yuga para el cual por supuesto, existe todo un antídoto…

Es de esta forma como el autor confiesa que en su intento por sentirse conectado con la realidad y así calmar y aliviar semejante vacío interno de desconectividad, él supo incurrir (por años y en notorio exceso) en sustancias y situaciones tales como heroína, alcohol, sexo, fama y comida, teniendo eventualmente que “tocar fondo” y así darse cuenta el cómo todo ello no eran más que insaciables demandas provenientes del ego (nuestro “ser inferior”) todo lo cual en ningún momento lograría satisfacer a nuestro “ser superior”, nosotros mismos. Para esto último, el contacto con una verdad interna y más profunda fue, es y será siempre requerido, sin excepción alguna. Y es allí justamente donde comienza toda una nueva odisea, viéndose la manera de descentrar el propio ego y ya no contemplar a las demás personas y momentos como simples recursos para satisfacer nuestras propias demandas, sino lograrnos integrar al resto y comprender cómo somos en verdad, en las palabras de Srila B. R. Sridhara Maharaja, “parte de un todo orgánico”.

Por lo que en mi propio intento de proyecto devocional, el darme cuenta de mi propia condición adictiva naturalmente me fue llevando a adoptar medidas aún más puntuales y meticulosas, y ese es de hecho el propósito de un sistema tal como el de los 12 Pasos, o la misma disciplina espiritual que uno haya escogido abrazar. Pues ser adicto implica entender que dicha adicción muy probablemente esté allí incluso cuando ya no logre expresarse hacia fuera, quizás simplemente porque la misma se encuentra aún en un entorno que no facilite dicha expresión (lo cual luego sí acontecerá al uno hallarse en un ambiente que propicie todo ello). Y sin duda alguna este tipo de realizaciones incrementan necesariamente la propia humildad, casi a la fuerza. A este respecto el autor dice al comienzo de su libro: “Yo escribo este libro no porque sea mejor que ustedes, sino justamente porque soy peor que ustedes”. Sin duda alguna, el haber atravesado el calvario de cualquier tipo de adicción y el haber sobrevivido para contarlo, será sin duda una experiencia epifánica para más de uno.

“Recovery” es uno de esos libros que invitan al lector a volverse un poco más humano, a no dejar de explorar ese lado de uno que muy probablemente aún requiere reparación en abundantes rincones. Y el autor vuelve a todo esto aún más humano, compartiendo su propio testimonio de vida en forma descarnada, y a su vez poética y esperanzadora. Y como ya he repetido, que en lo personal haya recibido la gracia de poderme proyectar hacia una cima ontológica incalculable, no significa que tenga que convertir a la trascendencia en una excusa y/o evasión para lograr asumir todo aquello que hoy debe ser enfrentado y resuelto, de manera que a fin de cuentas pueda seguir avanzando hacia mi meta última. Pues para un aspirante al bhakti, al menos durante ciertas etapas es y será imperante el considerar cualquier “asunto pendiente” interno que pueda estar diluyendo la propia experiencia devocional, por lo que en ese sentido (y muchos otros) esta será una de las tantas lecturas recomendadas.

También hasta cierto punto entenderé que algunos puedan sentir que este tipo de temáticas no dejan de ser ciertamente relativas en algún nivel, y que aparentemente poco y nada tienen que ver con las más elevadas cumbres teológicas que el Gaudiya Vaisnavismo presenta al mundo, pero si en verdad recapacitamos y honestamente intentamos establecer nuestras metas a corto, mediano y largo plazo veremos que, pese a que desde ya nuestras metas a mediano y largo plazo son claramente (quizás aún en teoría) tenidas en cuenta y cultivadas de alguna manera en cierto nivel, nuestros objetivos inmediatos a corto plazo muchas veces exigen que nuestra atención sea depositada en asuntos de orden un tanto más mundano pero que, resueltos en el contexto de un logro superior, seremos así promovidos a avanzar hacia nuestra meta última, la cual requerirá de muchas batallas (inferiores a ella) para ser finalmente alcanzada.

Por otro lado, confieso que de haber tenido que escribir este artículo diez o quince años atrás, muy probablemente no lo hubiera hecho pues no me hubiera permitido leer obras “no-devocionales” de acuerdo a mis convicciones y estándares de tales tiempos. Y desde ya que existe todo un momento para dicha mentalidad, sin por ello incurrir en estrechez mental alguna: un neófito puede y necesita ser neófito, siempre y cuando no haya ya expirado el tiempo en el que tiene permitido serlo. Pero al mismo tiempo (y al menos en mi caso en particular) considero que en esta etapa particular de mi existencia esta clase de temáticas no sólo pueden nutrir mi propia práctica y perspectiva del mundo (al que uno intenta dirigirse y en el que uno intenta vivir de alguna forma) sino que a su vez logro recibir de allí frescas expresiones y experiencias, las cuales no sólo me permiten actualizar mi propia visión del entorno, sino que muy especialmente me develan un mundo de adicciones no del todo abordadas, y por decantación una más que renovada apreciación de la disciplina devocional que en esta vida ha llegado, ojalá para quedarse.

Recovery nos invita entonces a un operativo de rescate y recuperación, a no olvidar que nos encontramos todos en un gran hospital llamado vida y que el objetivo de todo este maravilloso juego es volvernos alcanzar la sobriedad en todo el sentido de la palabra, una sobriedad que en última instancia terminará expresándose paradójicamente en la forma de intoxicación, pero en este caso nos referiremos al más divino embriagamiento que surje del éxtasis amoroso. Y para algún día y/o alguna vida lograr llegar a semejante experiencia, sin duda alguna tendremos que ante todo abrazar y resolver cada uno de los múltiples enigmas que el plano relativo, psíquico y emocional tienen para ofrecernos, de manera que nuestro abordamiento de la trascendencia sea realista, integral y por qué no, plenamente humano. Pues en definitiva, nuestra deidad última dentro nuestra escuela es Sri Krishna en su nara-lila o en otras palabras, Dios mismo dejando atrás su atavío de divinidad para entregarse plenamente al humanismo divino, expresando su máxima intimidad y amor en el contexto de la más idílica atmósfera humana. Que este y otros operativos de recuperación cumpla entonces semejante función. ¡Al rescate!

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