Contemplación Semanal # 51 / EL PRECIO FINAL DE ASPIRAR A VRAJA

Continuando con el ciclo de reflexiones que presenté la semana pasada, esta vez deseo compartir algunas instrucciones que se han revelado en el camino de esta última semana, invitándoseme a través de ello a convertir tales mandatos en realizaciones. Y siendo que en el Gaudiya Vedanta nuestro final de desembocadura y desenlace se concibe en términos de Vraja, hoy quisiera compartir algunas palabras acerca no solo del precio para uno llegar allí, sino por empezar del precio (real y final) de uno aspirar a transportarse a semejante tierra o, en otras palabras, de uno eventualmente despertar en semejante estado de conciencia, sin viaje de regreso.

En esta ocasión, contextualizaré este artículo en el marco de tres diversos momentos “literarios” que han llegado desde arriba estos últimos días, ya sea en conexión con libros que he terminado de leer y otros que he comenzado, así como también en relación a diversas sentencias devocionales que, de una forma u otra, han sabido atravesarse en el sendero de esta pasada semana y, mediante dichos encuentros, continúo extendiendo mi noción de qué realmente significa aspirar al logro vrajavasi.

El primer momento literario importante ha sido sin duda la “finalización” del Gopala-campu de Srila Jiva Goswami. Utilizo desde ya comillas, siendo que obras como esta son del todo imposibles de terminar de forma alguna, qué decir en este caso en particular con lo que representa el magnum opus del tattva-acarya de nuestra sampradaya. Con sus más de 1000 páginas, el Gopala-campu representa un género específico (campu) el cual combina poesía y prosa, exhibiendo diversos ornamentos literarios y a menudo recurriendo a vyañjana-vritti, o el clásico modelo de doble significado (o incluso más de dos) presente en la poesía de India. Más allá de su llamativa conclusión en donde Sri Krishna se casa con Srimati Radha y las demás vraja-gopis (todo lo cual debe desde ya ser debidamente comprendido), este trabajo se encarga de presentar la narrativa del décimo tomo del Bhagavata de forma explícitamente rasika. Así, luego de haber ilustrado los diversos lilas descritos en dicha sección del Bhagavata, Sri Jiva prácticamente concluye su obra declarando que “aquellos que desean ver Vraja y alcanzar Goloka, podrán obtener semejante destino mediante esta obra”. Ahora bien, ¿qué es lo que implica semejante promesa?

En mi experiencia personal, el estudio del Gopala-campu (en paralelo con el Bhagavata y aquellos mismos lilas que ambas obras describían) me sirvió claramente para recibir nuevos vislumbres de cuál es la psicología, humor y disposición de un habitante modelo de Vraja: alguien que de forma absolutamente natural e instintiva se ve inclinado hacia el placer de Sri Hari, sin vestigio alguno de interés separado del placer del amado, sumidos en un dulce olvido de sí mismos en amor divino y saboreando de la forma más profundo la más mínima posibilidad de incrementar la experiencia del rasa en Rasaraja Sri Krishna. En otras palabras, aquel trasfondo que subyace a la alegre, extática y aparentemente simple dinámica del lila se ve compuesto de los elementos previamente mencionados, en donde cada pieza de la obra ha abrazado su rol a perpetuidad, estando del todo identificados con el flujo de servicio y afecto allí predominantes. Y llegar allí sigue sin ser barato.

Pujyapada B. R. Sridhara Deva Goswami ha recurrido al ejemplo de Gopa-kumara, quien para lograr desembocar eternamente en Vraja tuvo ante todo que atravesar un sinfín de posibilidades, ofertas y experiencias de orden no solo mundano, sino especialmente trascendental. En sus palabras, Srila Sridhara Maharaja diría “tal como Gopa-kumara, quizás tengamos que atravesar diversos paramparas (así como él pasó por Prahlada, Hanuman, Pandavas, etc.) para finalmente dar con nuestro logro último”. Quizás no necesariamente uno tenga que modificar su parampara en esta vida (o en otra) pero en mi caso personal, sí he tenido que alterar por fuerza mayor la dirección en la que concebí mi refugio devocional durante más de una década, dejando atrás parte de una identidad para descubrir otra, comprendiendo que todo ello es parte necesaria (no todo, pero parte) para uno poder aspirar (no aún llegar, pero sí aspirar) debidamente al sublime logro de Vraja. Y si ello requiera no solo una de tales muertes y renacimientos bienvenido sea, en esta vida y en las que sean necesarias para dimensionar debidamente el costo de mi proyección eterna.

El segundo momento literario que en esta semana supo destacarse tuvo que ver con otra obra que comencé a leer habiendo culminado con el Gopala-campu: “The Journey Home” o “El Viaje a Casa”, un relato autobiográfico en donde Radhanatha Swami describe su propia búsqueda interna que le llevó a un más que interesante peregrinaje, el cual finalmente desembocó en Vraja y en los pies de loto de quien se convertiría en su eterno guardián, Srila Prabhupada. Honestamente, no estaba en mis planes comenzar dicha obra, pero algo dentro (ya sabemos qué/quién) me llevó en esa dirección, y traté de soltar una vez más mis estructuras y abrirme una vez más a lo impredecible y desconocido de uno adentrarse sin pensar demasiado en algo que súbitamente aparece en escena. Y no me arrepiento de ello.

En esta peculiar obra, su autor narra en sumo detalle no solo cada uno de sus viajes y personas halladas en el camino, sino también cada una de sus experiencias internas en el intento ya sea de descubrir la verdad, así como de mantener aquello de valor que ha llegado, percibir aquellos elementos desfavorables que aún demandan nuestra atención y, por sobre todo, exhibir una constante gratitud por haber contactado un regalo que supera ampliamente toda expectativa y merecimiento. Aunque lamentablemente no me atrevo a decir que logré identificar del todo su viaje con el mío, sí agradezco haber al menos podido conectar ciertos puntos en común que reforzaron mi práctica, así como a su vez anhelar poder finalmente alcanzar todas aquellas realizaciones que, al menos en mi caso, aún son algo más teórico que comprendido a cabalidad. Casi al cierre de su historia Radhanatha Swami compartió una frase que representa este último punto, y la cual no deja de seguir hablando acerca del precio final de uno aspirar al logro de vraja-bhakti:

“(hablando de él en relación a un viejo amigo con quien se re-encontró luego de casi dos décadas) Aunque nuestras vidas eran mundos aparte, el afecto y respeto que compartíamos seguía siendo algo prominente. A través de la práctica de la devoción a Dios, estaba pudiendo aprender que para preservar relaciones amorosas en este mundo se requiere mucho perdón, tolerancia, paciencia, gratitud y humildad. Una virtud esencial de la humildad es la de aceptar a otros por lo que son, más allá de las diferencias que podamos tener. Una vez más contemplé en ese momento cómo la tendencia a juzgar a otros es a menudo un síntoma de inseguridad, inmadurez o egoísmo, y anhelé poder elevarme por encima de todo ello. Todos son hijos de Dios, y Dios ama a todos sus hijos, por lo que si deseo amar a Dios, debo aprender a amar a aquellos que él ama”

Esta frase tuvo un particular impacto en mi persona, pues si para preservar afectuosamente un vínculo en este plano con cualquier entidad viviente debo cultivar semejante desfile de cualidades, ¿qué tanto más no tendré que abrazar esas mismas cualidades a la hora de vincularme con personas que aspiran a la santidad, y más aún si deseo vivir por siempre en un mundo donde absolutamente todo está no solo basado, sino compuesto del más elevado afecto? Segundo impacto semanal respecto a qué tanto debemos estar dispuestos a invertir en nuestra proyección eterna, y no solo “estar dispuestos a”, sino hacerlo apasionadamente con la más genuina y fervorosa de nuestras sonrisas. Al menos en mi caso, aún queda un buen tramo en mi viaje a casa, pero el recordar que de una forma u otra ya me encuentro en dicho sendero, en dicho viaje, otorga la mayor de las fuerzas y la más amplia de las esperanzas.

/ El tercer momento literario que impactó en estos días no era parte planeada de este ensayo, sino que llegó a mí tan solo unos momentos antes de sentarme a escribir estas palabras, el mismísimo día de hoy. En este caso la revelación llegó a través de una frase compartida en las redes sociales de Vinoda Bihari Dasa Babaji, un muy especial sadhu residente de Varsana, quien con el paso del tiempo se ha vuelto una figura más y más prominente en la vida de, justamente, diversos aspirantes a la tierra de Vraja. En esta ocasión, sus palabras van dirigidas al sadhaka, o aquel que aspira a la perfección (siddhi) pero que a la hora de dicha aspiración debe poner a prueba primeramente qué tan realistas estamos siendo en nuestra existencia actual como practicantes de bhakti:

“Un sadhaka debe probar su propio ego: si al él recibir alabanzas y gloria su corazón se emociona, o al ser criticado se entristece, eso significa que él aún está lleno de ego. Si por otro lado al recibir elogios te humillas y sientes que debes huir de ese lugar, entonces solo allí debes pensar que, por la misericordia de Bhakti Devi, te encuentras en el camino correcto”

Este es el tipo de electroshock que generalmente el sadhaka necesita para poner en la balanza qué es qué, y dónde se encuentra aún parado. Mahaprabhu mismo se expresó con una humildad semejante en el segundo verso de su Siksastakam, con ello ilustrando cómo aquel que no ha llegado aún a nistha (todo lo cual es representado en dicho verso) debe expresar un constante estado de alerta y debido remordimiento al constatar todos aquellos bajos instintos que aún corrompen y sabotean nuestro proyecto de bhajana puro. En el caso de esta potente frase, personalmente no pude más que bajar mi cabeza y aceptar que tristemente aún no me encuentro en “el camino correcto” que allí se describe, pero al mismo tiempo sintiéndome feliz de poder seguir aclarando qué tan correcto debe seguir mi camino correcto, y qué tan sanamente me debo continuar exigiendo si realmente deseo alcanzar algún día nistha, ¡qué decir del objetivo final de Goloka Vrindavana!

Así, el precio de aspirar a Vraja es generalmente mucho mayor del que podemos estarnos imaginando, y madurar en nuestro sadhana significará entonces hacer todo aquello que favorezca la debida concientización del diámetro de dicho precio, el cual en definitiva no será algo que podremos pagar en monedas de mérito personal exclusivo, sino de inmaculada e inmerecida gracia, la cual llegará a nosotros en la medida que anhelemos intensamente por más y más de tales revelaciones, en donde al menos por un instante recibiremos un vislumbre de esa realidad última, y el impacto místico de semejante escena será más que suficiente para seguir enloqueciendo en la dirección correcta, y algún día llegar a entender cómo todo lo que nos ha ocurrido, ocurre y ocurrirá será algo que desemboque gloriosamente en la tierra de Vraja.

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