Contemplación Semanal #34 / ESPERANZA VS. EXPECTATIVA

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Ya hace unos años atrás, me encuentro abocado al estudio del comentario que Sri Visvanatha Cakravarti supo revelar en relación al Bhagavata, conocido como Sarartha-darsini. Y muy en particular, estos últimos días estoy teniendo la fortuna de haber comenzado la lectura del rasa-pancadhyaya, o aquellos cinco capítulos del Décimo Canto (29-33) que lidian con el rasa-lila mahotsava. En las palabras de Thakura Cakravarti, estos cinco episodios podrían ser comparados a los cinco pranas (aires vitales) principales de toda la obra, los cuales sostienen (y plenamente justifican) la existencia del resto de la narrativa. Mientras que estos cinco capítulos son del todo fundamentales por innumerables razones, el día de hoy deseo concentrarme por un momento en un aspecto de una de ellas: esperanza vs. expectativa.

Más específicamente, estos últimos días me encuentro abordando una serie de versos en donde las vraja-gopikas, luego de haberlo dejado todo atrás para perseguir de forma exclusiva el melifluo sonido de la flauta, se encuentran con un Sri Krishna del todo particular, quien indaga acerca de la razón de su llegada al bosque, sugiriéndoles que retornen a sus hogares, atiendan a sus familias y, en pocas palabras, continúen con sus vidas sin él. Desde ya, aquí Sri Hari expertamente recurre a un sinfín de recursos poéticos con el único propósito de incrementar el lobha (anhelo) en las gopis, todo lo cual eventualmente realzará la alegría de la unión que a futuro estarán teniendo en lo que es el rasa-lila. Pero concentrémonos por un momento en la reacción de las gopis, ante las palabras aparentemente duales de Sri Krishna…

De acuerdo a Sri Visvanatha, las doncellas de Vraja supieron dejarlo todo atrás en su deseo por servir a su amado, muy especialmente “todo lo relacionado al sentido de ´yo´y ´mío´”. En otras palabras, las gopis abandonaron aquella identidad que se ve basada en el apego material, en el sentido de que yo soy alguien basado en aquello que me pertenece, que controlo y que, por ende, que está a mi servicio para ser disfrutado de manera separada. En las gopis (o al menos en la mayoría de quienes aquí estaban participando) no existe vestigio alguno de semejante noción: la flauta simplemente suena, y ellas olvidan que tienen casa, hogar, hijos, esposos, etc. Incluso antes de que la flauta sonase, para ellas únicamente existió, existe y existirá el objeto de su afecto, Sri Krishna, y el profundo deseo de amarle o, por decirlo de otra forma, servirle de forma desinteresada.

Ahora bien, Sanatana Goswami explica que la audacia de las gopis es extrema, pues ellas están dispuestas a arriesgarlo todo en su intento por ofrecer el más leve tipo de seva a Sri Hari. De esta forma, para ellas su propia reputación, posición social, seguridad financiera, contención emocional hogareña y qué decir elementos aún más obvios, todo ello ha dejado de existir hace tiempo. Y Sanatana prabhu adhiere un elemento aún más audaz: siendo que las gopis están (muchas de ellas) casadas y por ende su anhelo de obtener a Krishna como esposo no es del todo posible, ellas lo arriesgan todo por su amado incluso sin tener la seguridad de que semejante inversión vaya a dar fruto alguno. Aún así, ellas no pueden hacer ni pensar en nada más aparte de cómo incrementar la satisfacción del objeto de su afecto (seva)…incluso sin garantía alguna de cuál vaya a ser el resultado de semejante riesgo. Y aquí es adonde quiero llegar hoy, a intentar analizar la diferencia existente entre esperanza y expectativa.

Mientras que generalmente la idea de esperanza tiene más que ver una sentimiento de fe y confianza sea lo que fuere que ocurra, la expectativa se encuentra más bien ligada a una intensa creencia de que algo debería pasar de una forma determinada. Mientras que en el primero de los casos estaremos hablando de un acto totalmente desprovisto de apego al fruto (y más bien basado en una profunda convicción de aquello que en sí mismo estoy haciendo), en el segundo caso nos estaremos refiriendo a un acto principalmente centrado en lo fruitivo, en donde aquello que esté ejecutando se verá principalmente caracterizado (y manchado) por el apego a un resultado específico. Por lo que la pregunta que sigue naturalmente a continuación será: ¿Estoy confundiendo una cosa con otra? ¿Me encuentro interpretando la idea de tener fe como otra variante de expectativa, en donde continúo dando únicamente debido a lo que quisiera recibir? “Contemplación Semanal” no solo se refiere a lo que el autor aquí pudo haber contemplado, sino que también incluye una comprometedora invitación a que el lector haga lo mismo, y así espero que tengan el coraje de hacerse la pregunta aquí presentada, desde el lugar más profundo de su ser.

La esperanza nos habla claramente del principio de la misericordia en donde, pese a aún comprobar nuestra condición caída e inmerecida, logramos sentir fe y entusiasmo al comprobar qué tan amplia, generosa y potente es la gracia que sigue llegando hacia nosotros. En este caso no estaremos tan atentos al producto final de nuestros actos, sino que más bien nos veremos enfocados humildemente en cómo Bhagavan y sus agentes nos protegen , y nos brindan su nutrición y guía en todo momento, de estar nosotros dispuestos a ello. Si necesitamos ciertas respuestas en nuestra vida, el método para obtenerlas es simple: seamos sinceros y abiertos en nuestra búsqueda, y procuremos sentarnos a los pies de un sadhu genuino, y en el transcurso de su exposición, sin duda alguna llegará aquello que necesitamos escuchar. Y semejantes experiencias maximizarán nuestra fe y esperanza, y nos animarán a cambiar aquello que aún sigue pendiente. En las brillantes palabras de Srila B. R. Sridhara Maharaja (al comentar sobre el verso 10.14.8 del Bhagavata): “Si tienes fe en tu brillante futuro, estarás dispuesto a pagar cualquier pequeño precio que el medio ambiente quiera cobrarte…con una gran sonrisa”.

Por otro lado, la expectativa implica que ya nos hemos tomado el atrevimiento de concluir qué es lo mejor para nosotros, y por ende nos dirigimos al plano superior en un espíritu de comercio, por momentos casi exigiendo determinados resultados, u ocupándonos en aparente bhakti con una idea demasiada condicionada acerca de cómo Dios debería reciprocar nuestros supuestos movimientos devocionales. La expectativa ya definió lo que hay que recibir, y por ende se limita a concebir cualquier otra posibilidad que pueda estar queriendo llegar a nosotros. En otras palabras, la expectativa se cierra al cambio que tanto estamos necesitando, y se auto-condiciona al actuar y estar motivada por la propensión a obtener el objeto de nuestro limitado anhelo.

Ahora bien, podríamos también hablar de una expectativa superior, la cual florece al uno haberse situado debidamente en una genuina esperanza. Dicha expectativa tendrá que ver con estar debidamente establecido en una meta a alcanzar, y anhelar ello fervientemente. Ahora bien, la naturaleza de dicha meta y fervor incluirán desde ya la posibilidad de novedades, cambios, rendición y exigencias diversas, todo ello en el marco de incrementar nuestra ofrenda. Así, podemos desarrollar cierto tipo de expectativas, pero deberemos a su vez ser cuidadosos de corroborar cómo las mismas se encuentran fundamentadas en una ausencia de egoísmo, centradas absolutamente en el deseo de dar, amar y servir. Al menos gradualmente deberíamos avanzar en dicha dirección, y a cada paso cuestionarnos en el camino saludablemente: ¿es este nuevo nivel de fe algo propicio y totalmente justificado, o una forma encubierta de falsa expectativa que aún insiste en reemplazar la genuina esperanza?

El día de ayer fui invitado a una presentación consciente de títeres gigantes, la cual abrió con una agrupación musical llamada “Charming Disaster”, o “Desastre Encantador” y de inmediato no pude evitar ligar semejante nombre a la experiencia de todo sadhaka progresivo, en donde seguirán aún habiendo momentos bochornosos, pero dentro del marco de algo digno, noble y glorioso como lo es el bhakti, y la posibilidad de convertirnos en reales sirvientes. Ser un sadhaka no es algo fácil, y justamente por ello es algo hermoso. Así, por más que por momentos comprobemos que nuestra fe pueda ser aún más fruitiva que desinteresada, sigamos animándonos en avanzar de la mano de la verdadera esperanza, aprendiendo a desarrollar verdaderas expectativas, todo ello bajo el amparo de los verdaderos agentes de semejante jurisdicción, quienes abrazan el modelo dado por las gopis y demás habitantes de Vraja, como el prototipo final de su existencia. Hacia allí seguimos yendo.

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